La inversión en innovación tiene una correlación positiva con el desarrollo económico de una región

El último informe de competitividad global (previo a la pandemia) elaborado por el WEF para medir la competitividad de los países, puso a Perú en el puesto 65, entre las 141 economías del mundo. Este informe evalúa la competividad de cada país considerando un conjunto de pilares que determinan la productividad (instituciones, infraestructura, adopción de TICs, estabilidad macroeconómica, salud, habilidades/capacidades, mercado de productos, mercado laboral, sistema financiero, tamaño de mercado, dinamismo empresarial y capacidad para innovar. Mientras en algunos de los pilares el desempeño es muy bueno, hay espacio de mejora en ámbitos como la adopción de las TICs y en la capacidad para innovar.

A menudo escuchamos cómo algunos países han hecho de la innovación parte fundamental de su estrategia, impulsando incluso diversos espacios donde se interconectan empresas y emprendedores, y donde éstas se relacionan con institutos de investigación. Los objetivos de estas plataformas son fortalecer toda la cadena de valor, promover la competitividad a través de la cooperación, convertir los resultados de la investigación en nuevos productos y servicios, así como aumentar la dinámica de innovación general. Quienes han implementado este sistema saben que -a pesar de la globalización- la competitividad de las empresas está muy influenciada por factores locales. Ahí es donde se reúnen por ejemplo las empresas de nivel global, la pyme innovadora, los emprendedores, proveedores especializados, universidades, centros de investigación e inversionistas.

En nuestro país, han comenzado a surgir algunos hubs de innovación y clústers, que buscan hacer más eficiente la actividad a través de la articulación de sus actores. En sectores como el Minero, un ejemplo es SAMMI Clúster Minero Andino o el Hub de Innovación Minera del Perú, en donde se trabaja de manera conjunta para generar investigación, desarrollo e innovación. En este sentido, en Alemania donde ha habido una apuesta decidida por la innovación y donde se invierte alrededor del 3% del PBI en innovación, ha sido un claro ejemplo de cómo estos hubs de innovación son altamente eficientes. En Bayern, una región alemana, esto ha sido clave para el crecimiento y desarrollo económico para asegurar el bienestar de toda la región.

Algunas experiencias exitosas

Pamela Valdivia, directora ejecutiva de la Representación del Estado de Bayern para Sudamérica, analiza la experiencia de esta región alemana y comenta que el Ministerio de Economía de Bayern impulsa diversas iniciativas público-privadas para fortalecer el ecosistema de innovación. “Así, se generan nuevas oportunidades para mejorar la inversión en Investigación y Desarrollo (I+D) y además se traduce en un apoyo importante a las pequeñas y medianas empresas para que puedan incorporar nuevos conocimientos y tecnologías. Esto es fundamental para la región, ya que más allá de las grandes y conocidas empresas bávaras -como Siemens, BMW, MAN, Linde o Adidas- las Pymes tienen un rol clave para nuestra economía. De manera paralela, la región bávara también ofrece a través de sus incubadoras y programas de aceleración oportunidades para que los startups desarrollen nuevos e innovadores negocios y lleguen exitosamente al mercado. “ sostiene Valdivia.

La colaboración es clave para cualquier ecosistema de innovación exitoso. La colaboración permite cerrar brechas de conocimiento, aprovechar las capacidades de la cadena de valor, ampliar el espectro tecnológico, acceder a nuevos mercados, reducir riesgos y mucho más. Una forma de colaborar de manera eficiente y eficaz son las estructuras de clústeres. Bayern implementó hace algunos años su iniciativa de clústeres que le permite hoy contar con 17 clústeres de innovación, donde se agruparon los distintos actores del ecosistema de innovación en ámbitos como tecnología aeroespacial, digital, ambiental, de sensores, nanotecnología, tecnología para la industria química, las energías renovables, automatización y robótica, entre otros.

La iniciativa público-privada de los clústeres fue creada en Bayern en 2006, con importantes logros en todos los sectores económicos. Más de 6.000 empresas (de ellas 2/3 son Pymes) participan activamente de las actividades y proyectos de innovación impulsados por los clústeres. Gracias a estas actividades, se ha concretado un acercamiento de la pyme a la investigación aplicada, se ha fomentado la creación de nuevas oportunidades de negocios y ha mejorado la asimetría de información a nivel de cada sector industrial, permitiendo que las pequeñas y medianas empresas se desarrollen con fuerza.

Finalmente, Valdivia sostiene “Lo importante es conocerse, generar confianzas, colaborar y crear mecanismos que aseguren la calidad de esta colaboración. Bayern nos muestra que gracias a las iniciativas público-privadas que fomentan una cultura de colaboración y co-creación se pueden desarrollar e impulsar tecnología y soluciones innovadoras de manera local. Para una región como Bayern, en donde los recursos naturales no abundan, la investigación y la innovación son clave para asegurar la competitividad y el bienestar: las empresas que realizan I+D crecen más rápido y son más estables en tiempos de crisis. Las empresas con buenas redes y bien conectadas con el ecosistema de innovación crecen el doble de rápido y son más innovadoras. Las Pymes que realizan proyectos de investigación aplicada son las que tienen un mayor éxito gracias a una mejor diferenciación, internacionalización y más conocimiento. Por lo tanto, la inversión en innovación tiene una correlación positiva con el desarrollo económico de una región”.