
Al momento de invertir, una de las principales decisiones que deben tomar los inversionistas es qué enfoque seguir: gestión activa o gestión pasiva. Ambos modelos presentan características y beneficios distintos que, bien entendidos, pueden marcar la diferencia en el rendimiento de un portafolio.
La gestión activa consiste en el análisis constante de un equipo de especialistas respecto a los mercados, sectores y empresas con el objetivo de obtener un rendimiento superior al de los índices de referencia.
“Esta estrategia permite reaccionar frente a cambios económicos, identificar oportunidades en determinados activos y mitigar riesgos específicos; y por lo mismo, suele ser más recomendable en mercados emergentes, en escenarios de alta volatilidad o cuando el inversionista busca generar un rendimiento adicional con el apoyo de expertos”, señala Iván Zárate, Vicepresidente Senior en Perú de SURA Investments.
Por otro lado, la gestión pasiva busca replicar el comportamiento de un índice de referencia, como el S&P 500 o el MSCI World. Se caracteriza por ser más sencilla y con comisiones más bajas, dado que no requiere una intervención constante.
“Esta estrategia es ideal cuando el objetivo es acceder a un portafolio diversificado, mantener costos bajos y seguir de cerca el comportamiento general del mercado en el largo plazo”, añade el ejecutivo.
Cada vez más, los inversionistas institucionales y personas naturales optan por una estrategia mixta, que aprovecha la eficiencia de la gestión pasiva y la flexibilidad de la gestión activa.
“Para responder a esta creciente demanda, en mayo de este año, lanzamos la familia de Fondos Multiactivos, una oferta que incluye cuatro alternativas –en soles y en dólares, con perfiles conservador y moderado– que se diferencian principalmente por el nivel de riesgo que asumen y la moneda en la que están denominados, brindando a los inversionistas una herramienta flexible para proteger su capital y aprovechar oportunidades de crecimiento” finalizó Zárate.
De esta manera, tanto la gestión activa como la pasiva se convierten en herramientas clave para diseñar una estrategia integral de inversión, capaz de adaptarse a distintos perfiles y escenarios de mercado.
