Cuando el cuerpo duele sin razón aparente: Cómo entender el dolor neuropático

Un hombre con expresión de dolor en el cuello, sosteniendo un vaso de agua, mientras es atendido por una mujer en un entorno médico.
  • Esta condición tiene importantes comorbilidades como insomnio, ansiedad, depresión y limitaciones funcionales que deterioran de manera relevante la calidad de vida de los que la padecen[1].
  • Los estudios priorizan al dolor como un problema de salud pública[2], teniendo una incidencia de dolor crónico de 1 de cada 10 personas al año.
  • Cada 17 de octubre se conmemora el Día Mundial del Dolor, una fecha que busca generar conciencia sobre el impacto físico, emocional y social que provoca esta condición.

El dolor neuropático, tanto central como periférico, constituye una de las condiciones más complejas dentro de la medicina del dolor. Los pacientes suelen referir dolor, entumecimiento y debilidad, con descripciones como hormigueo, ardor o «alfileres y agujas»[3]. Su impacto es tangible: interfiere en el descanso nocturno, dificulta actividades tan simples como caminar y se asocia a trastornos emocionales como ansiedad y depresión[4]. Se estima que entre el 6.9% y el 10% de la población general padece de dolor neuropático[5]

En Perú, los datos también son contundentes: un estudio en pacientes con diabetes tipo 2 halló que el 60,5 % presentaba neuropatía periférica dolorosa[6]. Estas cifras reflejan la alta carga de enfermedad y la necesidad de un abordaje integral en el sistema de salud. Pero no sólo se presenta en conjunto con la diabetes tipo 2, también se puede encontrar en pacientes con neuralgia postherpética y VIH[7],[8].  

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El dolor neuropático puede ser devastador. A menudo es malinterpretado por la falta de signos externos, pero quienes lo padecen viven con una carga constante que afecta tanto su salud física como mental. Por ello es clave su diagnóstico oportuno, una herramienta importante para evaluar el dolor neuropático es la electromiografía (EMG) junto con los estudios de conducción nerviosa ya que permite evaluar de manera objetiva la correcta función de nervios y la actividad eléctrica muscular.”, señala el doctor Juan Jose Pereyra, neurólogo y médico de enlace científico de Adium Perú.

Claves para entender la enfermedad del dolor invisible

Los síntomas son diversos y a menudo desconcertantes para los pacientes. Entre los más comunes se encuentran sensaciones de quemazón, hormigueo, punzadas eléctricas, alodinia (dolor ante estímulos no dolorosos) e hiperalgesia (dolor exagerado ante estímulos leves)[9]. También pueden presentarse síntomas negativos, como pérdida de sensibilidad en determinadas zonas. Todo lo mencionado repercute directamente en la calidad de vida, limitando las actividades diarias y tiene un impacto severo en la vida personal y laboral de quienes lo padecen[10].  

“Es fundamental que los pacientes no interrumpan su medicación y reporten cualquier evento adverso, ya que existen diversas alternativas y estrategias de dosificación para encontrar el régimen más adecuado y tolerable para cada persona. La consulta oportuna con un médico especialista es el primer paso para encontrar alivio y, en consecuencia, mejorar la calidad de vida” afirmó el Dr. Marco Narvaez, especialista internacional en dolor.

El abordaje más eficaz requiere de un enfoque multidisciplinario que combine farmacoterapia, rehabilitación física y apoyo psicológico, con el fin de aliviar el dolor y reducir su impacto emocional y funcional4.

El dolor neuropático tiende a ser crónico y aunque invisible a la vista constituye un problema de salud pública[11]. Su reconocimiento temprano y tratamiento adecuado no solo mejoran la calidad de vida de los pacientes, sino que también reducen la carga social y económica que representa este trastorno en muchos países de la región[12].


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