
- Especialistas de IEP, CAF, FAO y UNESCO debatieron en Lima sobre las brechas persistentes que enfrentan las mujeres agricultoras en América Latina, y las claves para transformar su rol de beneficiarias a agentes de cambio.
En el marco del Foro GLI Latam 2026 organizado por Pro Mujer, el panel «Raíces que lideran: mujeres rurales, cultura viva y autonomía para territorios sostenibles» reunió a cuatro expertas de organismos internacionales para analizar una realidad que los datos describen con dureza: 4 de cada 10 mujeres rurales en América Latina no tienen ingresos propios. La pregunta que atravesó el debate fue formulada con claridad por Guiomar Alonso Cano, representante de UNESCO en Perú: «¿Cómo puede ser central una persona que no controla los recursos?»
Carolina Trivelli, investigadora principal del Instituto de Estudios Peruanos (IEP) y ex ministra de Desarrollo e Inclusión Social, fue tajante al describir el estancamiento: «Las mujeres rurales hoy en día enfrentan las mismas oportunidades laborales que sus madres y sus abuelas. Tenemos mujeres rurales con más capacidades que antes, pero tienen las mismas posibilidades que mujeres que tenían menos capacidades que ellas.» Para Trivelli, el problema es también de diseño de políticas: «Estamos viendo un retroceso en políticas para cerrar brechas de género y eso no es neutral. Muchas políticas no tienen una visión de género y lo estamos viendo en políticas públicas rurales, ninguna tiene una intención de cerrar brechas de género.»
Uno de los ejes más debatidos fue el acceso al financiamiento. Aunque casi 931.000 mujeres figuran como productoras agrarias en Perú y el 35,5% es titular de una parcela, la titularidad no se traduce automáticamente en acceso al crédito. Trivelli lo señaló con precisión: “Para acceder a los créditos, en caso de facilitar el acceso a la tierra, una mujer estaría loca si pone en juego su patrimonio en un contexto de cambios climáticos. No nos engañemos pensando que darles tierra les va a garantizar acceso, porque no pasa ni con los hombres.”
Bárbara Auricchio, ejecutiva principal de la Dirección de Género del CAF, reforzó este diagnóstico desde los resultados de un estudio regional: «Muchos instrumentos de financiamiento tradicionales parten de un supuesto de producción continua, de formalidad, de dedicación exclusiva y de acceso a garantías que no tienen las mujeres rurales, y no reflejan las brechas de género que viven estas mujeres.» La solución, para Auricchio, no es solo rediseñar los productos financieros: «Todos estos productos que se están desarrollando no van a tener efectividad si no se acompañan de educación financiera y educación digital. Si no hay estos servicios complementarios, los productos que se ofrecen no van a ser efectivos.»
Mariana Escobar, representante de la FAO en Perú, señaló la distancia entre el avance normativo y su materialización en la vida cotidiana: «Hay avances y retrocesos, y estas resistencias culturales se mantienen, sobre todo en zonas rurales.» Escobar destacó además que la percepción de riesgo opera como barrera de inversión: «Hay sectores que no entienden que invertir en mujeres son dinámicas muy distintas que en hombres; hay una percepción mayor de riesgos para ellas, y eso evita que se tomen decisiones de inversión.»
La representante de UNESCO amplió el debate hacia la dimensión cultural e identitaria. Alonso Cano advirtió sobre tres riesgos emergentes para los saberes rurales: el extractivismo cultural sin reconocimiento de autoría, los programas que instrumentalizan esos saberes ignorando la cultura, y el entorno digital. «La IA y la circulación masiva de contenidos culturales, no solo iconografía, sino conocimientos complejos agrícolas, de memoria colectiva o relaciones con el territorio, circulan sin reglas ni reconocimientos. ¿Cómo se protegen los derechos colectivos de comunidades rurales y cómo se redistribuyen los beneficios? Eso todavía no lo tenemos», advirtió, y agregó: «Parte de la respuesta no es económica o de inversión, sino cultural.»
El panel fue moderado por David Reyes, director ejecutivo de NURA, quien planteó la necesidad de «cambiar la perspectiva que se tiene sobre la mujer rural como beneficiaria y no como agente política, de cambio». El Foro GLI Latam 2026, organizado por Pro Mujer bajo el concepto «Nuevos horizontes: tecnología, territorio y poder colectivo», se desarrolla en Lima del 26 al 28 de mayo y reúne a participantes de más de 30 países para debatir cómo la inversión con enfoque de género puede transformar las economías de la región.
