
- Las uvas, los arándanos, los mangos y las paltas encabezaron las ventas internacionales durante el primer trimestre del año.
- El consumo interno de frutas creció un 21% entre 2004 a 2024, teniendo al plátano como líder en la dieta nacional.
El primer bocado de una fruta peruana es mucho más que sabor: es historia, territorio y esfuerzo. Es el dulzor de un mango madurado al sol del norte, la frescura de un arándano cosechado al amanecer o la suavidad de una palta que resume el trabajo de meses. En el Perú, cada fruta cuenta una historia que comienza en la tierra y termina conquistando el mundo.
En el marco del Día Internacional de la Fruta, el país no solo celebra su diversidad, sino también el momento extraordinario que atraviesa su agroindustria. Las frutas ocupan un lugar central en la identidad y el desarrollo del Perú, reflejando la privilegiada diversidad de sus ecosistemas y el conocimiento agrícola de sus productores. A lo largo del país, su cultivo no solo asegura el acceso a alimentos frescos y nutritivos, sino que también impulsa cadenas de valor cada vez más competitivas e innovadoras. En un contexto global donde la demanda por productos saludables y sostenibles continúa en aumento, las frutas peruanas se posicionan como un símbolo de calidad, resiliencia y oportunidad para el crecimiento del país.
Ese reconocimiento global no es casualidad. Es el resultado de años de evolución, de decisiones estratégicas y del compromiso de miles de agricultores que han aprendido a leer la tierra, el clima y los mercados. La Dirección de Estudios Económicos del Ministerio de Desarrollo Agrario y Riego (MIDAGRI) proyecta que el Perú acelerará los envíos internacionales de sus frutas de manera sostenida hasta lograr superar a Chile en el año 2028. Este panorama se respalda en los datos de la entidad gubernamental, que estiman ventas frutícolas nacionales por US$ 12,331 millones en dicho periodo frente a los US$ 12,057 millones proyectados para el país vecino.
Detrás de esas cifras hay sabores que viajan miles de kilómetros. Según el MIDAGRI, durante el primer trimestre las uvas encabezaron las ventas con US$ 745 millones, seguidas por los arándanos con US$ 321 millones, los mangos con US$ 256 millones y las paltas con US$ 237 millones. Cada uno de estos productos representa algo más que exportaciones: son embajadores del Perú en las mesas del mundo.
La alta demanda de la canasta frutícola tiene como motores principales a diez mercados (Estados Unidos, Holanda, España, México, Chile, Ecuador, Inglaterra, Canadá, Colombia y China), los cuales concentran el 80.7% de las compras totales. Pero el impacto no se queda puertas afuera. Dentro del país, la relación con la fruta también ha crecido y se ha transformado en hábitos más saludables y conscientes. Según el MIDAGRI, el consumo nacional de frutas y hortalizas aumentó un 21% entre 2004 y 2024. Actualmente, el plátano es el líder absoluto de la ingesta peruana con un promedio de 26.4 kilogramos por persona al año.
Abastecer una demanda que no deja de crecer, dentro y fuera del país, implica mucho más que producir: significa anticiparse, innovar y proteger cada cultivo desde su origen. Es aquí donde la ciencia y la agricultura se encuentran para hacer posible lo extraordinario. Iniciativas como “Cosecha Ganancias” de BASF se convierten en aliados clave, al acompañar al productor con un enfoque agronómico que se adelanta a los desafíos del campo. Así, se protege el potencial del cultivo desde sus primeras etapas y se construyen cosechas que no solo cumplen, sino que destacan por su calidad, permitiendo que cada fruta peruana lleve consigo una historia de compromiso, orgullo y competitividad ante los mercados más exigentes del mundo
«El posicionamiento mundial de nuestra fruta evidencia la enorme capacidad de adaptación del agricultor peruano. Hoy el gran salto competitivo radica en integrar ciencia y tecnología frente a un clima cada vez más impredecible. Dotar al productor de estas herramientas de innovación es el factor clave para asegurar la rentabilidad de sus tierras y consolidar al Perú como un proveedor de alimentos confiable y sustentable a largo plazo», detalla Flavia Zuleta, Gerente de Soluciones para la Agricultura en BASF Peruana.
Mirando hacia el futuro, el desafío no es solo seguir creciendo, sino hacerlo de forma responsable, sostenible y conectada con las personas. Consolidar la posición del país en el mercado global requiere mirar más allá de los volúmenes de exportación. El objetivo a largo plazo de la industria es construir un futuro sustentable para la agricultura que conecte el avance científico con las necesidades de la sociedad y garantice un ecosistema productivo respetuoso con el medio ambiente.