
El Instituto Humboldt de Investigación Marina y Acuícola (IHMA) destacó el modelo exitoso de protección de la Reserva Nacional Dorsal de Nazca que permite una convivencia entre actividades económicas y la protección de los recursos y el ecosistema de dicha zona marina.
Héctor Soldi, ex viceministro de Pesca y presidente del IHMA, informó que el 95% de la pesca que se realiza en la zona es artesanal, y el porcentaje restante es industrial, principalmente, especies como caballa, jurel y bonito, y muy poca anchoveta para harina y aceite de pescado.
Así, sostuvo que, gracias a estudios científicos en la zona, se recomendó una protección vertical de la Dorsal de Nazca, para que la pesca continúe operando en la superficie marina donde no hay impacto, y a partir de los 1,000 metros de profundidad hacia el fondo se restrinja cualquier tipo de actividad para proteger los montes submarinos, que es el objetivo de la conservación.
De acuerdo con Soldi, este tipo de zonificación ya se aplica con éxito en países como Australia y Nueva Zelanda, donde estudios científicos permiten determinar qué ecosistemas requieren protección absoluta y cuáles pueden coexistir con actividades económicas responsables. “Las redes de pesca operan en los primeros 120 metros del fondo marino, muy lejos de los ecosistemas profundos que buscamos conservar en la Dorsal de Nazca. Es técnicamente imposible que afecten el objeto de protección”, explicó.
El mito del gran impacto industrial
De acuerdo con el presidente del IHMA, la participación industrial en la Reserva Nacional Dorsal de Nazca es mínima y se concentra en especies como el jurel y la caballa, para consumo humano directo. La captura de anchoveta, además, se ha visto reducida en los últimos años. “Presentar la actividad pesquera como una amenaza masiva no se condice con la evidencia. Estamos ante una zona donde la operación pesquera es de baja incidencia y orientada a alimentos para consumo humano”, sostuvo.
El especialista también subrayó que las embarcaciones que operan en el área cuentan con protocolos para liberar de manera segura a especies sensibles —como tortugas, ballenas o aves— cuando ingresan accidentalmente a las redes. “Hoy la pesca formal trabaja con trazabilidad, monitoreo satelital y procedimientos de mitigación. Esa es la diferencia entre una actividad regulada y otra informal”, añadió.
