
- La experiencia postventa gana protagonismo en un contexto donde los consumidores son cada vez menos tolerantes frente a errores y respuestas tardías.
Durante años, la calidad de un producto o servicio era suficiente para sostener la confianza del consumidor. Hoy, esa lógica ha cambiado. En experiencias de alto valor, los clientes ya no solo compran una solución: compran respaldo, atención y capacidad de respuesta. Y cuando esa expectativa no se cumple, muchas veces el consumidor simplemente decide no volver.
Hoy, los consumidores son mucho menos tolerantes frente a experiencias negativas. Incluso, una sola mala experiencia puede ser suficiente para abandonar una marca, especialmente cuando existe una inversión económica importante y altas expectativas de desempeño, soporte y acompañamiento.
De acuerdo con PwC, 32% de los consumidores dejaría de comprar a una marca que aprecia después de una sola mala experiencia; mientras que Zendesk señala que 73% cambia a la competencia tras múltiples experiencias negativas.
Para Erick Vargas, gerente de Atención al Cliente y Postventa de Grupo Crosland, este cambio responde a una transformación en la manera en que las personas entienden el valor de una compra. “Actualmente, el cliente no solo evalúa el producto o servicio final. También mide la rapidez de respuesta, la transparencia y la capacidad de solución que ofrece una empresa cuando surge un inconveniente. El verdadero examen para muchas marcas ya no termina en la venta. Empieza después”, explica.
La postventa como factor de confianza
En ese escenario, la experiencia postventa empieza a ocupar un lugar cada vez más estratégico dentro de las compañías. Lo que antes era visto como un área de soporte, hoy influye directamente en la reputación, la recomendación y la fidelización de los consumidores.
El ejecutivo señala que uno de los principales cambios del consumidor actual es la baja tolerancia a la incertidumbre. Si bien las personas pueden comprender una falla puntual, lo que genera mayor frustración suele ser la falta de información, las respuestas tardías o la sensación de abandono durante el proceso de atención.
“Hoy, un problema mal gestionado puede tener más impacto reputacional que la falla original. Por eso las empresas necesitan entender que la experiencia del cliente ya no depende únicamente del producto o servicio, sino de todo el acompañamiento que existe alrededor”, añade.
Asimismo, Vargas explica que el nivel de exigencia ha aumentado porque el consumidor compara constantemente estándares de atención entre diferentes industrias. La rapidez, personalización y eficiencia que encuentra en otros servicios elevan automáticamente sus expectativas frente a cualquier empresa.
Tecnología, rapidez y cercanía
En respuesta a ello, diversas organizaciones vienen reforzando sus modelos de atención mediante herramientas digitales, seguimiento en tiempo real y procesos más ágiles. Sin embargo, el especialista advierte que la tecnología por sí sola no resuelve el problema.
“La eficiencia es importante, pero el cliente sigue valorando la empatía, la cercanía y la sensación de respaldo. Cuando una persona realiza una inversión importante, espera sentir que hay una empresa que realmente responde detrás de la compra”, afirma.
En un mercado cada vez más competitivo, especialistas coinciden en que la confianza se ha convertido en uno de los activos más sensibles para las marcas. Y en productos y servicios de alto valor, esa confianza ya no se construye únicamente desde la calidad, sino desde la capacidad de responder correctamente cuando ocurre un error.